Ocho. Tres secretos

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A veces, hay cosas que merecen ser contadas, otras veces no.

Me encanta contaros secretos y os voy a contar tres, secretos a voces.

Vamos a contar cosas que no te dije y que siempre te quise contar, que siempre van a merecen ser puestas en un papel, que siempre van a merecer ser cantadas y susurradas al oído.

Vamos a hablar de todo aquello que nos dejamos sin decir, que escribí en notas en sucio, en servilletas de bar arrugadas, que viven desde hace tiempo el cajón más desordenado de mi mesita de noche.

Vamos a hablar de esas pequeñas cosas que merecen ser contadas y hay que hacerlo delante de todo el mundo, para que sean un secreto a voces, a dos o más voces, pongámonos a los secretos orquesta y escenario.

Otras veces, esas pequeñas cosas va a merecer la pena susurrarlas al oído, despacio y sin prisa, como me gusta a mi contar las historias, esas historias que siempre se quedan pendientes y garabateadas, sin terminar de escribirlas, pero que vuelven una y otra vez, historias que juegan a esconderse entre montones de calcetines desemparejados, desenamorados sí, pero que bailan a ritmo vals y que lo hacen juntos en ese cajón, en el de tu mesita de noche… la que sabes que nunca vas a ordenar, la que nunca ha estado ordenada.

Otras veces, esas historias van a tener que ser secretos, a veces merecen ser un secreto de aquellos de juventud, de los que cuando te decía al oído hacían que se te sonrojaran las mejillas, un secreto de los que compartimos solos los dos a los pies de la cama, esas historias también deberán ser contadas, pero quizás en otro cuento o en otra canción.

Tengo tanto que decirte, que deciros que he tenido sin más remedio que empezar a ordenarme, a rebuscar en el cajón los trozos de cuentos y corazones rotos para volver a pegarlos, y reescribirlos, no tengo claro que no los haya desordenado más… pero me gusta desordenarlos contigo, con vosotros.

Como sé que tenéis curiosidad por saber a quién tengo tanto que contar, os develaré el primer secreto:

A mí, todos los secretos que os cuento me los cuento a mí.

Tengo tanto que contarme que siempre me despisto, y lo dejo todo para luego.

A mí, que sé que siempre he sido y voy a ser un auténtico desastre y que nunca he querido dejar de serlo.

A mí, que veo libélulas y puedo estar soñando días con paraísos imaginarios, con viajes de trenes que nunca pasan, y que si pasan… me atropellan siempre en mi mitad del túnel… por andar despistado.

A mí que colecciono conchitas de la Caleta y de todas las playas que he pisado.

A mí que colecciono piedras y pedazos de cuentos rotos en el cajón de la mesilla de noche, con notas de orquesta tocando a ritmo de vals. Que la vida suena en 3 por 4.

No es un secreto, que hace mucho tiempo que no encuentro la luz al final del túnel y siempre me hallo en una encrucijada, ¿y quién no?, y qué más da, ¿y si mientras buscamos la luz nos encontramos?, y si mientras nos encontramos con la luz, que seguro que está en tu mitad del túnel nos equivocamos otra vez, y jugamos juntos a …

Por eso me decidí y por otras cosas a empezar a escribir, a ordenar historias desordenadas y os invito de nuevo a que escribamos juntos historias de errores y aciertos, de caminos equivocados y túneles sin final, de calcetines sin más.

En cada historia o cuento, en cada una, prometo contaros un secreto.

Y llegado este momento creo que debo contaros otro secreto, el segundo y a voces:

¿No tenéis la sensación que de un tiempo a esta parte todo ha dejado de tener el sabor que tenía antes? Que se ha perdido el sabor de la hortaliza de huerto, de la fruta recién cogida, qué vamos corriendo cada vez más sin tener claro hacia dónde vamos, qué nos cuesta confiar en el resto de la humanidad, y cada vez más y por mil motivos que nunca vamos a llegar a estar contentos, ni con el cuento, ni con la Princesa, ni con la Rana.

Que por tanto correr siempre estamos, siempre, en la mitad equivocada del túnel y aunque no paremos de correr ni aún así nos encontramos, y que hemos dejado de escribir cartas, para quererlo todo, ya, ahora.

Pues os invito a venir a Cádiz, Cádiz es mi lugar secreto donde volver a encontrar motivos para escribir cartas, no es solo el lugar físico, el de la playa de la Caleta, que Cádiz es eso también, pero que Cádiz es mucho más, que es donde dejarse llevar por las olas, sin que importe el tiempo, un lugar donde no importa que sople levante o poniente, es lugar secreto que quiero compartir desdibujado en mis cuentos y compartirlo con vosotros, y en el que siempre van a sonar las chirigotas y los coros, en el que los calcetines se van a ir emparejando y se los va a ver bailar felices, un Cádiz en el que podemos jugar con caballas caleteras a surcar las olas, y nadar entre boya y boya, en el que juntos vamos a hacer que la fruta vuelva a saber a fruta y nos vamos a parar a cogerla en los árboles, no en una bandeja de supermercado.

Un lugar en el que vamos a jugar a amar y a desenamorarnos de la vida y olvidarnos de todo lo demás, mientras suena la música.

Y por ser como sois y leerme tanto, os voy a contar un tercer secreto.

Vuestra mitad de todo esto es que más de cada mitad, de todos los cuentos tienen trocitos robados de vuestros corazones y trozos de historias de vuestros calcetines, que soy un ladrón de secretos, de historias de corazones rotos y abandonados, de principios de amores y de desengaños, que todo lo que lo que escribo tiene tanto de vosotros como de mí.

Tiene tanto de ella, como de vosotras y de cada una de las piedras de las que me he enamorado por ser de un color diferente, que probablemente me enamore de ella por haberla encontrado entre un montón o más de mil millones de piedras, y me enamoré por qué brillaba con luz propia. Probablemente cuando se levante el telón y se escriba el próximo cuento ya no este, que haya decidido volar y yo vuelva a estar otra vez en la mitad equivocada de la cama.

Que muy pocas veces vais a ver a alguien entero, en un cuento, ni a mí, ni a vosotros, pero que os vais a poder ver en todos, y cada uno de ellos.

Que me apetecía poneros en un papel estos tres secretos, y que os invitos a contarlos a todo el mundo y vamos mientras viajando juntos a Cádiz.

No pienso volver a Cádiz sin ti. Ni volver a susurrarte al oído tus secretos.

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#cuentosdesdemijardindepeces #nopiensovolveracadizsinti

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